hy Reflexiones para el Alma

Tuesday, December 13, 2005

Yo pedí

Pedí fuerza y …
Dios me dio dificultades, para hacerme fuerte.

Pedí sabiduría y …
Dios me dio problemas para resolverlos.

Pedí prosperidad y …
Dios me dio talento y cerebro para trabajar.

Pedí valor y …
Dios me dio peligros para superar.

Pedí paciencia y …
Dios me puso en situaciones en las que debí esperar.

Pedí amor y …
Dios me dio gente necesitada para ayudar.

Pedí favores y …
Dios me dio oportunidades.

No recibí nada de lo que pedí.
Recibí todo lo que necesitaba.

Mi oración ha sido respondida.

Saturday, November 12, 2005

"VALE LA PENA"

En momentos en los cuales todos nos sentimos conmovidos ante situaciones como las que vive el mundo entero, reflexionemos juntos...

Hay momentos que sentimos que todo esta mal, que nuestras vidas se hunden en un abismo tan profundo, que no se alcanza a ver ni un pequeño resquicio por el que pase la luz.

En esos momentos debemos de tomar todo nuestro amor, nuestro coraje, nuestros sentimientos, nuestra fuerza y luchar por salir adelante.

Muchas veces nos hemos preguntado si vale la pena levantarnos de nuevo, y solo puedo contestar una cosa: Hagamos que nuestra vida valga la pena.

Vale la pena sufrir, porque he aprendido a amar con todo el corazón.

Vale la pena estar en la oscuridad y caer hasta lo mas profundo, porque ya no puedo ir mas hacia abajo, de ahí en adelante todo va a ser hacia arriba hasta que vea la luz.

Vale la pena entregar todo, porque cada sonrisa y lágrima son sinceras.

Vale la pena agachar la cabeza y bajar las manos, porque al levantarlas seré mas fuerte de corazón.

Vale la pena una lágrima, porque es el filtro de mis sentimientos, a través de ella me reconozco frágil y me muestro tal cual soy.

Vale la pena cometer errores, porque me da mayor experiencia y objetividad.

Vale la pena volver a levantar la cabeza, porque una sola mirada puede llenar ese espacio vacío.

Vale la pena volver a sonreír, porque eso demuestra que he aprendido algo mas.

Vale la pena acordarme de todas las cosas malas que me han pasado, porque ellas forjaron lo que soy el día de hoy.

Vale la pena voltear hacia atrás, porque así sé que he dejado huella en los demás.

Vale la pena vivir, porque cada minuto que pasa es una oportunidad de volver a empezar.

Todo esto son solo palabras, letras entrelazadas con el único fin de dar una idea.

Lo demás, depende de cada uno de nosotros.

Dejemos que nuestras acciones hablen por nosotros.

Hagamos que nuestra vida valga la pena.

" UN MILLÓN DE AMIGOS"

Si tuviera millones de amigos le pediría a cada uno,
una moneda y seria millonario.

Si tuviera 500 mil amigos, les pediría tomarnos de manos
para unir el país.

Si tuviera 200 mil amigos, fundaría una cuidad donde todo
el mundo se saludara con una sonrisa


Si tuviera 25 mil amigos, la empresa de teléfonos me
cortaría la línea
cada vez que cumpliera años.

Si tuviera 6 mil amigos, me gustaría ser padrino de 6 mil
niños.

Si tuviera mil amigos, tendría mil manos para mi solo.

Si tuviera 365 amigos, pasaría cada día del año con uno de
ellos.

Si tuviera 100 amigos, tuviera cada día cien consejos.

Si tuviera 10 amigos, mi madre tendría 10 hijos más.

Si tuviera 4 amigos, tendría aseguradas cuatro manos
que cargaran mi ataúd.

Si tuviera 2 amigos, seria 2 veces mas feliz.

Pero si tuviera un solo amigo (y lo tengo), no necesitaría
tener más.


Hay quienes quieren tener un millón de amigos, cuando
tu solo, vales
millones......

Por eso te quiero y por eso te cuido.
Seguramente algunas personas a las que en realidad quieres
mucho por ser importantes para ti, se sentirán feliz de:
Leer esta carta....

El Vencedor y el Perdedor

Cuando un vencedor comete un error, dice: "Yo me equivoque!"
Cuando un perdedor comete un error, dice: "No fue mi culpa."


Un vencedor trabaja duro y tiene mas tiempo.
Un perdedor está siempre "muy ocupado" para hacer lo que es necesario.


Un vencedor enfrenta y supera los problemas.
Un perdedor da vueltas y nunca consigue resolverlos.


Un vencedor se compromete.
Un perdedor hace promesas.



Un vencedor dice: "Yo soy bueno, sin embargo no tan bueno como me gustaría ser."
Un perdedor dice: "Yo no soy tan malo como tantos otros."



Un vencedor escucha, comprende y responde.
Un perdedor solo espera una oportunidad para hablar.



Un vencedor respeta aquellos que son superiores a el y trata de aprender algo con ellos.
Un perdedor resiste aquellos que son superiores a el y trata de encontrar sus defectos.



Un vencedor se siente responsable por algo mas que solo su trabajo.
Un perdedor no colabora y siempre dice: "Yo solo hago mi trabajo."



Un vencedor dice: "Debe haber una mejor forma de hacerlo ..."
Un perdedor dice: "Esta es la forma que siempre lo hicimos."


Un vencedor comparte este mensaje con los amigos...
Un perdedor lo guarda para si mismo porque no tiene tiempo...

Vive, Sé Feliz...

Camina por donde nunca nadie antes haya caminado.
Haz lo que nunca nadie antes haya hecho
Deja tus propias huellas... y no pises sobre las huellas de los demás porque no dejarás marca.

Si caminas por donde ya hayas caminado, encontrarás lo que ya has encontrado
Si te atrae una luz, síguela. Si te conduce a un pantano, ya saldrás de él... Pero si no la sigues, te preguntarás toda la vida si acaso era una estrella.


Cada día que vives es una ocasión especial
La vida, por muy dura que se ponga a veces, se ve mejor desde detrás de una pequeña sonrisa.
A veces no nos dan a escoger entre las lágrimas y la risa, sino sólo entre las lágrimas; entonces hay que saberse decidir por las más hermosas.


Sueña lo que te atrevas a soñar. Ve donde quieras ir.
Sé lo que quieras ser. ¡Vive!
El que quiere hacer algo, encuentra el camino.
El que no quiere hacer nada, encuentra una excusa!
Nunca se te da un sueño sin que se te den también los medios para que lo realices!


La felicidad es como la mariposa... cuanto más la persigues más te eludirá, pero si vuelves tu atención a otras cosas vendrá y suavemente se posará en tu hombro!

No son muertos los que descansan en una tumba fría, son muertos los que teniendo el alma muerta… ¡viven todavía!

Aunque no sepas la explicación, nada ocurre sin razón!!!

Ya vendieron el Piano

Los vi desde la ventanilla del tren y saqué medio cuerpo afuera para llamarlos. Papá tomó a mamá por un brazo y prácticamente la arrastró hasta llegar frente a mí. Yo miraba, asombrado, cómo había aumentado el volumen de su vientre desde que me marchara un mes atrás y Margarita, mi prima, que se había peinado unas veinte veces durante el viaje, me tironeó de la camisa gritándome que le ayudara con el bolso. “Toda la gente está bajando, ¿piensas quedarte arriba del tren?” Papá me arrebató el bolso en cuanto pisé la plataforma. Mamá me estrechó, como pudo, contra su pecho y los cuatro caminamos hacia la salida de la estación.

- ¿Lo pasaste bien, Pablito? ¿Cómo se portó el nene, Margarita? ¿Hizo rezongar mucho a la tía Carmen? ¿Todavía sigue en cama tío Miguel? ¿El médico piensa que tendrá para mucho? Cuánto te agradezco, querida, las molestias que te tomaste por Pablito. Pero si supieras qué trajín con todo lo que pasó y yo no me sentía muy bien. No sabes lo que te agradezco la ayuda que nos prestaste.

Mamá dijo todo esto, casi sin respirar, y Margarita le contestó de un tirón que yo me porté como un hombrecito, la tía Carmen encantada de tenerme allá, el tío Miguel todavía en cama y tenía para rato porque el médico le había ordenado reposo absoluto durante un mes más por lo menos.

Llegamos a casa a la hora de la cena; la mesa estaba puesta y en seguida de lavarnos las manos nos sentamos a comer.

Mamá se echó sobre el sillón de la salita diciendo que le dolían los riñones y le pidió a Tina, la muchacha, que le llevara la comida allí. Margarita ocupó la silla de mamá y entonces noté que el lugar del abuelo estaba vacío.

- ¿Y el abuelo? –pregunté con sorpresa.

Los grandes se miraron entre sí y luego, lentamente y dando muchos rodeos, papá me comunicó que el abuelo se había ido de viaje, un largo viaje con destino al cielo o algo así.

Un largo viaje, abuelo. Y así supe que te habías muerto. Y de pronto me di cuenta de que todos estaban tristes y yo también.

- ¿La muerte es para siempre?

No me contestaron y no repetí la pregunta. Nadie comió esa noche.

Margarita se quedó en casa hasta que nació la nena. Roja y arrugada. La llamaron Mariana y me prohibieron levantarla de la cuna. Con el tiempo se volvió blanca y gorda y aprendió a decir algunas palabras, entre las que se encontraba mi nombre.

Fue entonces cuando pusieron una sillita alta en tu lugar, y desde allí Mariana, metía las manos en el puré, mientras mamá le daba de comer por cucharadas.

Ellos dejaron de nombrarte, abuelo. Pero yo me acordaba de vos. De tu cabeza canosa, de tu voz fuerte, del bonito reloj de bolsillo que se llevó tío Antonio, de tus cuentos de cacería con el imponente rifle que se llevó tío Juan. Papá hizo un atado con tu ropa y la mandó al Ejército de Salvación.

Un día al volver de la escuela, entré a tu cuarto, y en lugar de tu cama de bronce, me encontré con la cuna de Mariana y unas cortinas nuevas en la ventana. Unas cortinas con escarabajos verdes y flores anaranjadas.

Me daba rabia ver cómo te iban sacando de la casa que era tuya, que vos mismo mandaste construir; que se llenaba con tus rezongos cuando ponían alto el televisor y cuando te negabas a tomar los remedios que te recetó el médico, y cuando peleabas con mamá porque a ella le daba nauseas el olor del tabaco de tu pipa. (Ella la tiró a la basura, pero yo la recogí y la tengo guardada en la caja de los soldados de plástico).

La casa también se llenaba con tu música cuando tocabas el piano. Papá te decía que por qué no cambiabas, pero a mí me gustaban esas cosas “antiguas” que tocabas; especialmente la marcha esa de los aliados en la primera guerra.

Yo la tarareo cuando juego a los soldados y los indios y me imagino que me acompañas con el piano.

Te extraño, abuelo. Aunque me tirabas del pelo cuando hacía ruido para tomar la sopa y te quedabas dormido mientras jugábamos a las cartas.

Tengo ganas de verte, pero no sé dónde. Aquí en casa no, abuelo. Mejor no porque si vinieras sería un verdadero problema, no sabrían dónde meterte. No hay lugar para vos en casa. Se armaría un lío. Además, ya vendieron el piano.

Yo pedí

Pedí fuerza y ...
Dios me dio dificultades, para hacerme fuerte.

Pedí sabiduría y ...
Dios me dio problemas para resolverlos.

Pedí prosperidad y ...
Dios me dio talento y cerebro para trabajar.

Pedí valor y ...
Dios me dio peligros para superar.

Pedí paciencia y ...
Dios me puso en situaciones en las que debí esperar.

Pedí amor y ...
Dios me dio gente necesitada para ayudar.

Pedí favores y ...
Dios me dio oportunidades.

No recibí nada de lo que pedí.
Recibí todo lo que necesitaba.

Mi oración ha sido respondida.

VIVE

No dejes que termine el día

sin haber crecido un poco,

sin haber sido feliz,

sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite

el derecho a expresarte,

que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer

de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y

las poesías sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.

Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima, nos enseña,

nos convierte en protagonistas

de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,

la poderosa obra continúa:

Tú puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,

porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:

el silencio.



La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes. Huye.

"Emito mis alaridos por los techos de este mundo",
dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,

pero no podemos remar en contra

de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca

tener la vida por delante.

Vívela intensamente, sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro

y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes

nos precedieron de nuestros

"poetas muertos",

te ayudan a caminar por la vida

La sociedad de hoy somos nosotros.

Los "poetas vivos".

No permitas que la vida

te pase a ti sin que la vivas ...

Aveces

A veces las cosas que suceden

no tienen sentido.

A veces la vida nos lleva por caminos

que están fuera de nuestro control.

En esos momentos, sobre todo,

es cuando necesitamos a alguien

que nos entienda en silencio

y esté presente con su apoyo.

Quiero que sepas

que estoy a tu lado

en todo,

y que recuerdes que aunque

las cosas pueden ser difíciles hoy,

mañana será un nuevo día.

Maria José

Este relato era contado a menudo por Randolf, el padre de Maria José. Yo también sentía gran afecto por la niña que era la razón más grande para vivir de Randolf, según decía él mismo:

- El día que mi Maria José nació, en verdad no sentí gran alegría porque la decepción que sentía parecía ser mas grande que el gran acontecimiento que representa tener un hijo.


-Yo quería un varón. A los dos días de haber nacido, fui a buscar a mis dos mujeres, una lucia pálida y la otra radiante y dormilona.


- En pocos meses me dejé cautivar por la sonrisa de Maria José y por el negro de su mirada fija y penetrante, fue entonces cuando empecé a amarla con locura, su carita, su sonrisa y su mirada no se apartaban ni un instante de mi pensamiento, todo se lo quería comprar, la miraba en cada niño o niña, hacia planes, todo seria para mi Maria José.


Una tarde estábamos mi familia y la de Randolf haciendo un picnic a la orilla de una laguna cerca de casa y la niña entabla una conversación con su papá. Todos escuchábamos.


- Papi, cuando cumpla quince años, ¿Cuál será mi regalo?...


- Pero mi amor, si apenas tienes diez añitos, ¿No te parece que falta mucho para esa fecha?


- Bueno papi, tú siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque yo nunca lo he visto por aquí.


La conversación se extendía y todos participamos de ella. Al caer el sol regresamos a nuestras casas.


Una mañana me encontré con Randolf frente al colegio donde estudiaba su hija quien ya tenia catorce anos. El hombre se veía muy contento y la sonrisa no se apartaba de su rostro. Con gran orgullo me mostró el registro de calificaciones de Maria José, eran notas impresionantes, ninguna bajaba de veinte puntos y los estímulos que les habían escrito sus profesores eran realmente conmovedores.


Felicité al dichoso padre y le invité un café. Maria José ocupaba todo el espacio en casa, en la mente y en el corazón de la familia, especialmente el de su padre.


Fue un domingo muy temprano, nos dirigíamos a misa, cuando Maria José tropezó con algo, eso creímos todos, y dio un traspié, su papá la agarró de inmediato para que no cayera. Ya instalados en nuestros asientos, vimos como Maria José fue cayendo lentamente sobre el banco y casi perdió el conocimiento. La tomé en mis brazos mientras su padre buscaba un taxi y la llevamos al hospital.


Allí permaneció por diez días y fue entonces cuando le informaron que su hija padecía de una grave enfermedad que afectaba seriamente su corazón, pero no era algo definitivo, que debía practicarle otras pruebas para llegar a un diagnostico firme. Los días iban transcurriendo, Randolf renunció a su trabajo para dedicarse al cuidado de Maria José, su madre quería hacerlo pero decidieron que ella trabajaría, pues sus ingresos eran superiores a los de él.


Una mañana Randolf se encontraba al lado de su hija cuando ella le pregunto:


- ¿Voy morir, no es cierto?. Te lo dijeron los médicos.

- No mi amor, no vas a morir, Dios que es tan grande, no permitiría que pierda lo que más he amado en el mundo - Respondió el padre.


- ¿Van a algún lugar?, ¿Pueden ver desde lo alto a las personas queridas?, ¿Sabes si pueden volver?

- Bueno hija - Dijo Randolf - en verdad nadie ha regresado de allá a contar algo sobre eso, pero si yo muriera, no te dejaría sola. Estando en el más allá buscaría la manera de comunicarme contigo, en última instancia utilizaría el viento para venir a verte.


- ¿Al viento? - Replicó Maria José - ¿Y cómo lo harías?


- No tengo la menor idea hija, solo sé que si algún día muero, sentirás que estoy contigo cuando un suave viento roce tu cara y una brisa fresca bese tus mejillas !


Ese mismo día por a tarde, llamaron a Randolf. El asunto era grave, su hija estaba muriendo, necesitaban un corazón pues el de ella no resistiría sino unos quince o veinte días más.

- ¿Un corazón?, ¿Dónde hallar un corazón? - Repetía insistentemente Randolf - Lo vendían en la farmacia acaso, en el supermercado, o en una de esas grandes tiendas que publicitan por radio y televisión. ¿Un corazón?, ¿Dónde?...

Ese mismo mes, Maria José cumpliría sus quince años. Fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, las cosas iban a cambiar.


El domingo por la tarde, ya Maria José estaba operada. Todo salió como los médicos habían planeado. ¡Éxito total! Sin embargo, Randolf no había vuelto por el hospital y Maria José lo extrañaba muchísimo.


Su mamá le decía que ya que todo estaba bien, sería él quien trabajaría para sostener la familia. Maria José permaneció en el hospital por quince días más, los médicos no habían querido dejarla ir hasta que su corazón estuviera firme y fuerte, y así lo hicieron.

Al llegar a casa todos se sentaron en un enorme sofá y su mamá, con los ojos llenos de lagrimas, le entregó una carta de su padre:

Maria José, mi gran amor:


Al momento de leer mi carta, debes tener quince años y un corazón fuerte latiendo en tu pecho, esa fue la promesa de los médicos que te operaron. No puedes imaginarte ni remotamente cuanto lamento no estar a tu lado en este instante. Cuando supe que ibas a morir, decidí dar respuesta a una pregunta que me hiciste cuando tenias diez años y la cual no respondí.

Decidí hacerte el regalo mas hermoso que nadie jamás ha hecho. Te regalo mi vida entera sin condición alguna, para que hagas con ella lo que quieras, ¡Vive hija!. Te amo...


Maria José lloró todo el día y toda la noche. Al día siguiente, fue al cementerio y se sentó sobre la tumba de su papá, lloró como nadie lo ha hecho y susurro:


- Papi, ahora puedo comprender cuanto me amabas, yo también te amaba aunque nunca te lo dije. Por eso también comprendo la importancia de decir "te amo". Y te pediría perdón por haber guardado silencio.

En ese instante las copas de los árboles se movieron suavemente, cayeron algunas flores y una suave brisa rozó las mejillas de Maria José. Alzó la mirada al cielo, se levantó y caminó a casa.